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Entrevista a Liliana Ojeda: Grabitar, la exposición que transforma residuos en arte

Desde el Centro Cultural Montecarmelo, la artista invita a recorrer una obra que convierte material desechable en experiencia sensorial.

Podría ser que lo primero que se perciba sea el olor, o quizá la vista se active de inmediato. De cualquier forma, desde el inicio, la exposición Grabitar se siente. Liliana Ojeda, artista y orfebre, presenta en la sala Bob Borowicz del Centro Cultural Montecarmelo una propuesta que invita a acercarse, tocar y descubrir las texturas de cáscaras de cítricos y melones (materiales destinados a la basura en restaurantes) transformadas en estructuras orgánicas de gran escala, con cerámica y fierro. A través de un paciente proceso de recolección, secado, hidratación y costura manual, la artista convierte lo que estuvo destinado a desaparecer en forma, cuerpo y espacio.

¿Por qué escogiste esas frutas para trabajar tu obra?
Son las que mejor me resultaron por la calidad de piel que tienen. Yo venía haciendo unos proyectos que tenían que ver con la dermis, con la piel, con el envejecimiento, con el paso del tiempo, los materiales. Entonces la cáscara era perfecta para metaforizar esas motivaciones.

Y también resignifica un poco, puesto que es desechable, pero también puede volverse algo súper valioso. Tiene un valor, un gesto ecológico, y te conecta con la naturaleza. Comprendes que no es un material que te pertenece sino que se te entrega, e intentas entender cuál es el ciclo de esa materialidad.

Fuera de la materialidad de las esculturas, estar en contacto con lo cítrico ¿te remite a alguna historia personal?
Lo encuentro súper femenino, por el hecho de que tiene como un ombligo el cítrico, por ser redondo, por llamarse “Piel de naranja”... O sea, todas las mujeres sabemos lo que pensamos cuando alguien nos dice “Piel de naranja”.

Entonces, tiene todo un rollo medio feminista. Las mismas formas de las esculturas, también, son muy femeninas, con muchas redondeces, y tiene mucho interior. Sus cáscaras cubren y protegen, son verdaderas moradas. Entonces, la fruta tiene también que ver con eso: es una morada donde están las semillas.

¿Cómo ha sido el recibimiento de los visitantes?
La gente joven, los niños, sienten toda la libertad de tocar y de meter la mano entre los barrotes. A los más adultos les cuesta un poco, eso es lo que he visto. De hecho, me preguntan: “¿Puedo tocar?”, y yo no tengo ningún problema. Esta exposición es una invitación a activar tus sentidos. Entonces se puede tocar, se puede oler, se puede recorrer de forma circular, incluso te puedes llevar parte de la materialidad que yo dispongo tanto en la ventana como acá en el piso. Porque oler es creer, y no vas a creer que está hecha hasta que la sientas.

Grabitar viene de un juego de palabras: gravitar y habitar. Puede sentirse como un concepto de permanencia, ¿qué queda de forma permanente en esta exposición?
La permanencia de los materiales en nuestro entorno ha cambiado, esa percepción de que el arte es permanente, que tiene que durar siglos, que tiene que eternizarse… Y resulta que el arte no está buscando necesariamente la permanencia.

La gente cree que la escultura tiene que estar hecha en fierro. Si no, es como que no tiene valor, porque no durará para siempre. Yo lucho contra eso, es como un rollo del siglo pasado. Creo que el arte, hoy en día, tiene otras cosas. No es que el humano no vaya a ser el tema, sino que estamos hablando del medio ambiente: ¿qué vamos a hacer con nuestra basura?

Esta propuesta no busca crear objetos que van a ser eternos en el tiempo, sino que busca cuestionar justamente eso: la permanencia de los objetos y los materiales en este mundo, que es lo mismo que cuestionar la perpetuidad existente en el mundo.

Si pudieras guardar un recuerdo de Grabitar en tu memoria, ¿cuál sería y por qué?
Ese recuerdo como de expansión, de ampliar el formato, de darse la libertad, tomarse el tiempo también: estar nueve meses desarrollando una serie de obras es algo bastante inusual en mi forma de trabajar. Como yo vengo a la joyería, esto para mí fue una liberación también, como hacer un propio rollo personal: del tamaño que tenga que ser, y que pese lo que tiene que pesar.

Saqué otra energía de otro lado, que a lo mejor tiene que ver con un inicio en la escuela de arte, en la especialidad de escultura, que como que tomé algo de ahí que había quedado. Salir un poco del ámbito de la joyería contemporánea y darse la libertad de hacer algo grande. Me liberé de esas especies de trabas e hice algo muy distinto a lo que venía haciendo antes. Eso va a ser recordado.

¿Qué es lo que te gustaría que las personas experimenten a través de tu obra?
Que sientan la posibilidad, más imaginaria que física, de meterse adentro. Como de sentir que ellos podrían ser seres que van a germinar o que van a morar esta estructura de alguna forma momentánea. No para siempre.

Conoce a la artista aquí:
liliana.ojeda.art

Más información de la exposición aquí:
cmontecarmelo

Puedes visitar esta exposición hasta el 28 de febrero de 2026

Horarios:

Lunes a jueves: 9:00 a 17:00 horas

Viernes: 9:00 a 16:00 horas

Sábado:10:00 a 18:00 horas

Domingos y festivos: cerrado

Dirección: Avenida Bellavista 0594, Providencia.